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lunes, octubre 3, 2022

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Josep Borrell Tenemos que cerrar la brecha de la vacunación»

Josep Borrell

Josep Borrell — Alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE / Vicepresidente de la Comisión Europea

A finales de mayo de 2021, tan solo el 2,1 % de los africanos ha recibido al menos una dosis de la vacuna contra la COVID-19. Debemos cerrar la brecha de vacunación entre las economías avanzadas y los países en desarrollo para evitar lo que Tedros Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha denominado «el apartheid de la vacunación». Es lo moralmente correcto, y además redunda en el interés de todos.

Para ello, es necesaria una actuación mundial multilateral que aumente la producción de vacunas y acelere su distribución en todo el mundo. Desde el inicio de la pandemia, este ha sido el objetivo elegido por la UE. Se trata, igualmente, del reciente objetivo que se han fijado los dirigentes del G20 en la Cumbre Mundial de la Salud celebrada en Roma, el 21 de mayo.

El Gobierno ecuatoriano ha anunciado que invertirá unos 200 millones de dólares en la adquisición de 18 millones de vacunas contra la covid-19, que serán distribuidas hasta septiembre u octubre para inmunizar a unos 9 millones de habitantes, el 60 por ciento de la población. EFE/José Jácome

REFERENCIA

La pandemia sigue matando a miles de personas cada día, y al ritmo actual, no se habrá vacunado al mundo entero antes de 2023. La única manera de poner fin a la pandemia es vacunando a una gran parte de la población mundial; en caso contrario, la multiplicación de variantes probablemente mermará la eficacia de las vacunas existentes.

La vacunación también es un requisito previo para levantar las restricciones que están atenazando nuestras economías y libertades. Estas restricciones suponen una carga para el mundo entero, pero son aún más acuciantes para los países en desarrollo que no disponen de los mecanismos sociales y medidas económicas de los países avanzados para limitar las consecuencias de la pandemia sobre su ciudadanía.

Si la brecha de vacunación perdura, corremos el riesgo de revertir la tendencia de las últimas décadas de reducción de la pobreza y de las desigualdades globales. Esta dinámica negativa frenaría la actividad económica e intensificaría las tensiones geopolíticas. El coste de la inacción sería sin duda mucho mayor para las economías avanzadas de lo que tendríamos que gastar entre todos para ayudar a vacunar al mundo entero. Por ello, la UE acoge favorablemente el plan de 50 000 millones de dólares propuesto por el Fondo Monetario Internacional para vacunar al 40 % de la población mundial en 2021, y al 60 % a más tardar a mediados de 2022.

Para lograr este objetivo, necesitamos una estrecha coordinación de la acción multilateral. Debemos resistir las amenazas que plantean la «diplomacia de las vacunas», que supedita el envío de vacunas a los objetivos políticos, así como el «nacionalismo de las vacunas», que consiste en reservar las vacunas para uno mismo. A diferencia de otros actores, la UE ha rechazado ambos enfoques desde el inicio de la pandemia. Hasta ahora, somos el único actor mundial que está vacunando a su propia población al mismo tiempo que exportamos un gran número de vacunas y contribuimos de forma sustancial a su distribución en los países de renta baja. Los europeos podemos sentirnos orgullosos de este logro.

En 2020, la UE apoyó la investigación en materia de vacunas y el desarrollo de estas a gran escala, contribuyendo notablemente a la nueva generación de vacunas de ARNm. La UE se convirtió posteriormente en uno de los principales productores de vacunas contra la COVID-19 al producir, según la OMS, alrededor de un 40 % de las vacunas administradas hasta el momento en todo el mundo. La UE también ha exportado 240 millones de dosis a 90 países, aproximadamente la misma cantidad que hemos usado dentro de la UE.

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