15.3 C
Latacunga
miércoles, junio 29, 2022

Recomendado

Testarudez e ineficiencia se dan la mano en la cúpula cubana

Hace unos días y en medio de la madrugada se llevaron todos los bombillos que iluminaban el pasillo del piso 14 donde vivo en La Habana; a una amiga le robaron su gato y poco después encontró los restos de lo que evidentemente fue el sacrificio y festín que unos vecinos hicieron con su mascota; en una cola para comprar pollo congelado la multitud se lanzó desaforada cuando abrieron la puerta y pisoteó a dos ancianas que cayeron con la estampida.

Todas esas escenas y otras tantas han regresado a poblar la vida de los cubanos, como una vez lo hicieron durante la crisis de los años 90 que, en un exceso de maquillaje del lenguaje, fue llamada por el oficialismo como «Período Especial». Para quienes nacieron en este siglo, el actual descalabro social y económico es el más grave de sus vidas, pero mi generación ya lleva un par de estas hondas heridas materiales a cuesta, mientras que a la de mis padres hay que sumarle los rigores sufridos en los años 70.

La vuelta de estas viñetas de la miseria forma parte de un obstinado ciclo que ha tocado la existencia de todos en esta Isla. Ante tanta repetición, unos estadistas honestos y preocupados por el bienestar del país hubieran reorientado el rumbo nacional, abandonado las prácticas que llevaron a constantes carencias a su población o cedido el puesto a ejecutivos más capaces. Pero testarudez e ineficiencia se dan la mano en la cúpula cubana.

Recomendado

No te pierdas