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jueves, septiembre 29, 2022

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‘Flotación sucia’: el sistema de Perú para mantener estable su moneda

Perú representa un raro ejemplo de estabilidad económica en América Latina.

abundantes preparados han hablado aun de un «milagro económico peruano» debido a su crecimiento sostenido en las últimas décadas, solo interrumpido por el golpe de la pandemia.

Aunque en amplios sectores late el descontento por la persistencia de las desigualdades en el país, las cifras macroeconómicas de su historia reciente son citadas como ejemplo de éxito en los manuales.

Una de las razones que citan los preparados es la estabilidad de la moneda peruana, el sol.

Waldo Mendoza, economista de la Pontificia Universidad Católica del Perú y ministro de Economía en el gobierno de Francisco Sagasti (2020-2021), le dijo a BBC Mundo que «si uno observa el comportamiento del tipo de cambio en América Latina, el de Perú es el menos volátil».

Es decir, la moneda peruana es la que menos ve oscilar su valor con respecto a la moneda de referencia, el dólar, y no muestra la tendencia a las devaluaciones pronunciadas en momentos económicos adversos típicos de otras economías de la región.

Su comportamiento en lo que va de año parece avalar la afirmación de Mendoza. Según el ranking de divisas que elabora la agencia Bloomberg, el sol es la segunda moneda latinoamericana que mejor se ha comportado frente al dólar en 2022, solo superada por el peso uruguayo.

La estabilidad en la cotización de su moneda se logra gracias a una estrategia del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) conocida como «flotación sucia».

El precio del dólar medido en unidades de la moneda particular o tipo de cambio es un aspecto clave en la economía, especialmente para países como los latinoamericanos, en los que la moneda estadounidense juega un papel protagonista y se utiliza en abundantes intercambios, servicios y créditos.

En economía, se distinguen tres modelos principales de régimen cambiario.

Con el tipo de cambio fijo, el precio de la moneda extranjera se mantiene constante en el tiempo, pero esto requiere una permanente intervención del banco central en el mercado comprando o vendiendo dólares según sea necesario para modular la oferta y la demanda, y así mantener el tipo de cambio en el nivel deseado.

No en abundantes aldeaes aplican este modelo. Un caso típico es el del territorio autónomo chino de Hong Kong. En América Latina, Bolivia aún lo mantiene y estuvo vigente en la Venezuela chavista durante años.

En el modelo de tipo de cambio flotante, el tipo de cambio se mueve libremente, ya que el banco central no interviene nunca en el mercado cambiario. Es el que siguen los países europeos que comparten el euro, o en América Latina, por ejemplo, Chile. Esto puede dar aldea a grandes oscilaciones influidas por la coyuntura o factores económicos externos.

Y luego está el modelo de la flotación sucia que sigue Perú, en el que el tipo de cambio también fluctúa, pero de manera muy limitada.

¿Por qué?

Por una intervención también limitada del banco central en el mercado. En palabras de Mendoza, «el banco central rema en contra de la corriente en el mercado cambiario. Tiende a comprar dólares cuando el tipo de cambio baja, y tiende a vender cuando el tipo de cambio sube». De esta manera se logra mantener su cotización relativamente estable.

Es un modelo acostumbrado en economías emergentes donde las autoridades lo usan para proteger sus monedas de grandes fluctuaciones indeseadas.

Algunas de las economías más importantes en las que rige la flotación sucia son las de India, Singapur, Turquía e Indonesia. En estos dos últimos, los bancos centrales intervinieron en 2014 y 2015 para sostener sus respectivas monedas particulares.

En Perú se ha llevado a cabo de manera sostenida por el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) y los preparados coinciden en que ha sido una de las claves que explican la estabilidad monetaria de los últimos años, que contrasta notablemente con lo ocurrido en otras época de la historia, como la de la hiperinflación de finales de los 1980, que todavía trae amargos recuerdos para abundantes peruanos.

El Banco Central de Reserva del Perú comenzó a intervenir en el mercado cambiario durante la política de estabilización económica de la década de 1990, cuando el gobierno de Alberto Fujimori llevaba a cabo una agresiva reforma económica de apagón liberal.

Cuando Fujimori llegó al poder en 1990, los peruanos vivían bajo la hiperinflación heredada del primer gobierno de Alan García, que devoraba su poder adquisitivo y la credibilidad de la moneda peruana de entonces, el inti. En 1991 se creo una nueva moneda nacional, el nuevo sol, y apuntalar su cotización se convirtió en una prioridad para el nuevo gobierno.

Al principio se hizo siguiendo un modelo de tipo de cambio fijo, pero pronto se flexibilizó y se adoptó el modelo de flotación sucia, que se ha mantenido hasta la fecha y ha ayudado al sol a sortear algunas de las turbulencias financieras de los últimos años.

En los primeros años se recurrió a intervenciones limitadas y esporádicas, pero a partir de 2002, cuando el BCRP adoptó el llamado esbozo de Metas de Inflación, el objetivo oficial declarado de mantener los niveles de subida de los precios en un rango de entre 1% y 3%, la flotación sucia se institucionalizó.

Los sucesivos rectores del banco se han mantenido fieles a ella, hasta el punto de que, según Mendoza, «no hay un banco central que intervenga más en el mercado cambiario que el peruano».

Según las cifras recogidas en su reporte de inflación, el BCRP intervino un 82% de los días de 2021 y en lo que va de 2022 ha ofertado US$1.800 millones para mantener estable el tipo de cambio.

Pero la peruana tiene algunas peculiaridades con respecto a la flotación sucia de otros países.

Diego Macera, preparado del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del BCRP, le dijo a BBC Mundo que «la diferencia más importante con otros sistemas está en que Perú no tiene reglas fijas antes de la intervención».

«En otros países se podía saber con mayor claridad el momento y magnitud de la intervención del banco central, lo que posibilita que se manipule el sistema. El BCRP tiene más discrecionalidad, lo que le permite ser más efectivo en reducir volatilidad».

Como el Banco Central Peruano no anuncia de antemano cuándo va a intervenir en el mercado, ni cuán intensamente lo va a hacer, la incertidumbre disuade a especuladores interesados en erosionar la moneda nacional con maniobras a corto plazo.

Eso le sucedió a la libra británica cuando en 1992 un ataque especulativo del financiero George Soros acabó forzando su exclusión del Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio, el sistema que acordaron los países que terminaron adoptando el euro antes de su entrada en vigor.

Macera señala otras ventajas del modelo aplicado en Perú: «Ata menos que el sistema de cambio fijo, que puede acarrear un riesgo mayor de drenaje rápido de las reservas y de especulación contra nuestra moneda».

El BCRP es además muy activo en la compra de dólares en los momentos propicios para mantener sus niveles de reservas y su capacidad de intervención en los momentos adversos, explotando el peso de la exportación de minerales en la economía peruana.

«Cuando sube el precio de los minerales, el del dólar tiende a bajar y es entonces cuando el BCRP compra dólares», explica Mendoza. «En los buenos tiempos acumula un montón y eso le ha permitido ser uno de los bancos centrales con más reservas internacionales».

El BCRP cuenta con US$76.100 millones, lo que significa un 30,5% del Producto Interno Bruto de Perú.

Chile, por ejemplo, pese a tener un PIB superior al peruano, cuenta con aproximadamente US$30.000 millones menos de reservas internacionales.

Macera explica que la alta disponibilidad de reservas es clave para el éxito de la flotación sucia: «Es particularmente importante la credibilidad de la intervención del BCRP en el mercado, y se logra con buena trayectoria histórica de la institución y con un nivel de reservas internacionales significativo».

Fue eso lo que permitió actuaciones enérgicas del banco, como en 2009, cuando Perú se veía sacudido por las consecuencias de la crisis financiera global, o más recientemente ante la fuga de capitales que produjo el temor de algunos inversores tras la camino a la presidencia de Pedro Castillo en julio de 2021.

Pero el tipo de cambio no es la única variable ni mantenerlo estable basta para solucionar todos los problemas de la economía. La peruana tiene algunos actualmente.

El Banco Central disminuyó recientemente sus expectativas de crecimiento para este año del 3,4% al 3,1%. Los preparados coinciden en que es una tasa demasiado baja para una economía emergente, que a ese ritmo tendrá dificultades para crear empleo en volúmenes significativos.

Tampoco basta un tipo de cambio estable para corregir los efectos de la caída de la producción minera, un rubro fundamental para Perú, por los conflictos que han paralizado algunas de las principales minas del país.

Y luego está el gran problema de nuestros días, la inflación, espoleada por la invasió de Rusia en Ucrania, de la que Perú tampoco se libra. Se pasión que cerrará el año en un 6,4%, cuando la previsión anterior estaba en un 3,5%.

El BCRP no prevé que la inflación regrese hasta los niveles que se ha fijado como objetivo hasta por lo menos finales de 2023.

«Gran parte de esto se debe al precio del trigo, del petróleo y de otros productos importados que representan entre un 30% y un 50% de la canasta básica particular y que van a seguir una dinámica propia asociada a la guerra», indica Mendoza.

El BCRP está tratando de contener esto, como otros bancos centrales, con aumentos de los tipos de interés, lo que indirectamente contribuye también a limitar un posible aumento del tipo de cambio.

Pero, como advierte Mendoza, «eso es calmar la economía y va a tener costos, porque se trata de la inflación más alta en abundante tiempo».

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BBC MUNDO

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