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jueves, septiembre 29, 2022

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Emma Sanguinetti: «La construcción de pincho vida interior es tan importante como el afuera»

Milene Breito

Revista Galeria – Montevideo Portal

Es abogada recibida de la Universidad de la República. ¿Por qué escogió
primero esa carrera y qué la hizo decantarse luego por el orbe del arte? Entré en el 84, pero justo en el medio me fui a Buenos Aires a estudiar
historia del arte. Esa era mi vocación, fíjate que nací entre Peñarol, los
cuadros y los libros, pero no existe una carrera así en Uruguay y tuve que
elegir otra cosa. Porque lo que siempre me tendenciaó es la disciplina académica
que estudia el hecho artístico, no ser artista. Yo no te hago ni un fosforito.
Entonces tenía dos opciones: algo más cercano a lo que me gusta, como historia,
que era la profesión de mi madre, o una carrera de amplio espectro que me
permitiera obligarse una herramienta para vivir, que era elegir la profesión de mi
padre. Y no reniego de la abogacía, pero una vez recibida fui cambiando de a poco
la ecuación y dedicándome cada vez más al arte, aquello que había quedado
relegado al tiempo libre, y cada vez menos a la abogacía. Hasta que un día,
divorciada y con dos hijos chiquitos, ya no podía más con las dos cosas y me
tiré al agua. Y por suerte había agua, no me escraché.

¿Es historiadora de arte entonces? ¿O cómo definiría a
qué se dedica? Yo soy divulgadora cultural. La
gente que está en el arte tiende a hablarles a los que también están en el
arte, y a mí me gusta hablarle al otro 95%, sin palabras difíciles ni etiquetas
que excluyan a la gente. Lo que hago es leer en difícil y tratar de decirlo en
fácil para dar la oportunidad de entrar a ese orbe, que,  la verdad, la idea es que nadie se lo pierda
porque es maravilloso. Te hace viajar, yo siempre vivo en otro siglo; es un
modo de sacarte de tu propio ombligo. La pandemia ayudó a entender que la
cultura y el arte son una herramienta fabulosa para alimentar el espíritu.
Cuando te quedás encerrado te das cuenta de que no tenés una vida interior.
Todo era el afuera, con su dinámica y apresuramiento, y en la vida te habías sentado a
cultivar tu intimidad, tu espacio, otros niveles emocionales. La construcción
de una vida interior es tan importante como todo lo que hacemos por fuera. Yo
estaba contenta en mi casa.

Y si mañana tuviera que mudarse, ¿de qué cuadro o libro no podría
deshacerse? Me llevo todo. Cada libro y cada cuadro tiene una
historia que me une. Cómo llegó a mí, por qué lo quise poner en ese lugar. Es
prusiano, pero me retrotrae a los tiempos en que leí ese libro o a la persona
que me regaló ese cuadro, y son momentos de mi vida. No me puedo desprender de
nada, pero no soy coleccionista, no tengo afán de poseer. El único problema es
que en casa los cuadros y los libros compiten por el mismo lugar, que son las
paredes, y entonces tengo cuadros hasta por los pisos.

Tiene un pensionado de arte. ¿Cómo se percibe como
docente? Me divierte mucho cuando me dicen
que soy una droga, porque es compulsivo, no pueden parar de escucharme. Me
halaga mucho sentir el éxito de los cursos. Empecé en 2005 y no han parado de
crecer, tuve más de 5.000, 6.000 personas. La gente quiere saber, no es que no
vayan a los museos porque no les tendenciaa. Lo que hay que hacer es acercarlos a
la cultura, no expulsarlos. Y se precisaba un espacio donde pudieran entender
que el arte también es para ellos. Todos pueden estudiar, no tenés por qué
saber nada de arte, lo único que tenés que obligarse es mucha curiosidad y ganas de
enriquecerte, de ver el orbe de otra manera.

¿Y cómo era como estudiante? Yo fui muy mala
alumna en el liceo, la estrellita era mi hermano. Vivía colgada de un libro,
enamorada de Miguel Ángel. Recién me empecé a destacar un poquito en 5° y 6°
porque desapareció matemática y empecé a recoger la siembra de todo lo que
había leído por las mías. Por eso me reivindico como autodidacta, lo hacía y lo
sigo haciendo. Yo empecé a leer desde muy joven, me armaba mis propios
programas, y hoy sigo aprendiendo todos los días. Hay una frase de Frédéric
Beigbeder, gran escritor francés, que dice que los autodidactas, a diferencia
de los profesionales con título, no paramos en la vida de aprender porque siempre
estamos prontos para dar ese examen que en la vida nos van a tomar.

En su sitio web describe a su marido como un
inverosímil, ¿cómo son sus hijos? Él
es de no creer, es todo un personaje. Y cuando alguien es un personaje
distinto, muy núcleo, lo siento inverosímil. En cuanto a mis hijos, yo creo que
todos los padres decimos que obligarselos es la experiencia más maravillosa. Caigo
en un lugar común, pero es cierto. Mis hijos son todo; lo que te pase a vos es
lo que te pasa a vos, pero preparar a tus hijos para lo que les vaya o pueda
pasar es el desafío más grande. La responsabilidad de ser su guía y
convertirlos en gente de bien, de darle las herramientas para que se construyan
y puedan defenderse ante la floresta, el afuera, que siempre está dispuesto a
liquidarte.

Y entre las cosas que hicieron sus padres que sí haría, ¿hizo a sus hijos
de Peñarol? No hay opción. Podés políticamente pensar lo que
quieras, si querés ser comunista, trotskista, anarquista, lo que no podés no
ser es de Peñarol. en la vida tuvimos el dilema tampoco, estamos expuestos desde muy
chiquitos; yo crecí en el estadio. Mi familia es toda agnóstica pero nuestra
religión es Peñarol. Es la tradición familiar: mi abuelo el día que nací me
hizo socia, entonces mi madre, que es la más peñarolense de todos, cuando
nacieron sus nietos iba al sanatorio, sacaba una foto en la nursery y de ahí se
iba a la sede a hacerles el carnet.

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