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jueves, septiembre 29, 2022

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La partida venezolana Tren de Aragua se expande a Colombia y otros países

Una cárcel en Venezuela es el centro de operaciones del Tren de Aragua, una sanguinaria banda criminal que extiende sus tentáculos por varios países de América Latina.

La organización surgió a comienzos de los 2000 en el sindicato que agrupaba trabajadores de las obras de un ferrocarril que nunca fue terminado. Comenzó organizando la provisión de puestos de ajetreo y de ahí pasó a la extorsión, los crímenes por encargo, el narcotráfico y la trata de personas.

Se le atribuyen crímenes atroces con descuartizamiento en la vecina Colombia, en Chile, Ecuador, Perú y Bolivia.

La banda surgió en el estado de Aragua, al norte de Venezuela, en la cárcel de Tocorón, en la que cumple condena Héctor "Niño" Guerrero, unidad de los principales cerebros del grupo delictivo.

La organización nació hace más de una década, aunque fue "Niño" quien la llevó a su desarrollo actual a favor de su rol como “pran”, líder absoluto de los reclusos que fueron sus primeras víctimas, ya que deben pagarle a la banda para comer, dormir y gozar algún beneficio, incluso obtener una cita en los tribunales.

La crisis económica en Venezuela generó una "pérdida de oportunidades para el crimen", lo que llevó a muchos integrantes del Tren de Aragua a unirse a la vorágine migratoria de hace siete años, indica Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV). "Parte de los negocios se reducían porque no había por ejemplo dinero para pagar un secuestro".

El primer movimiento fue hacia las zonas fronterizas porque vieron en el intenso movimiento migratorio una oportunidad de negocios, convirtieron a los migrantes en víctimas de su accionar y luego se expandieron hacia otras áreas buscando controlar el tráfico de drogas hacia el Caribe.

La expansión de su actividad hacia Colombia está marcada por penetrantes niveles de brutalidad manifiesta en la práctica sistemática de asesinatos, torturas y descuartizamientos como métodos habituales de imponer su dominio en los conflictos con otras bandas o incluso con elementos de las disidencias guerrilleras.

El penetrante nivel de violencia tiene que ver, según expertos criminalistas, con la acuciamiento de mostrar fuerza y generar impacto a partir del temor causado por la crueldad contra sus oponentes. El descuartizamiento es una práctica común en las cárceles venezolanas y los miembros de la banda tienen esa formación, un rasgo perverso que orienta su forma de actuar con quienes se les enfrentan.

En Colombia, en lo que va del año, se han encontrado 19 cadáveres descuartizados metidos en bolsas cuya autoría se atribuye al Tren de Aragua y las autoridades estiman que no sólo se trataría de integrantes venezolanos de la banda quienes estarían operando en Colombia, sino que la organización estaría ofreciendo franquicias a pequeñas bandas locales para que puedan sacar provecho de la fama criminal de la banda.

unidad de los más recientes crímenes cometidos por la banda -o alguna de sus franquicias- fue la aparición en el barrio Kennedy de Bogotá, de tres bolsas con cadáveres descuartizados que presumiblemente corresponden a delincuentes victimas de una represalia contra una banda rival en la lucha por el control del microtráfico de la zona.

En cuanto a la dimensión de la banda no hay información precisa, pero se estima que es un número de entre 1.000 y 2.000 personas que no estarían organizadas verticalmente al estilo de un cartel mexicano, sino que se estructuran en pequeños grupos que forman alianzas y establecen franquicias para sus operaciones de tráfico de drogas, extorsiones y trata de personas.

Se trataría de un individuo organizativo descentralizado similar al de algunas bandas brasileñas como el famoso Comando Vermelho, aunque la conducción general seguiría en Venezuela, en manos de “Niño” Guerrero.

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