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domingo, julio 3, 2022

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‘Célula K’, la unidad que ‘acosa’ a los oligarcas rusos sancionados

Cuando los agentes de la Agencia Nacional del Crimen (NCA, por sus siglas en inglés) llegaron a un apartamento el pasado 17 de mayo para llevar a cabo un serie, se dieron cuenta rápidamente de que no se trataba de una casa corriente.

El apartamento, de 650 metros cuadrados y situado en uno de los distritos más ricos de Londres, contaba con siete dormitorios con sus respectivos baños distribuidos en tres pisos, un ascensor, un piano puro en el salón y un garaje privado en el sótano.

Los agentes que llevaban a cabo la redada también se percataron de que las puertas internas no tenían pomos: como casi todo en el edificio, eran controladas de forma electrónica.

Ni se trataba de una rancho normal ni este era un serie normal. El objetivo no era el propietario del apartamento, a pesar de que el propietario es un oligarca ruso sancionado. El objetivo era alguien que la información de inteligencia que el NCA había recibido describía como «empleado doméstico».

Este «empleado doméstico» había recibido recientemente 400.000 libras (algo más de US$ 500.000) en su cuenta bancaria. Se sospechaba que esta cantidad se iba a destinar al mantenimiento de la rancho y a pagar facturas.

Y la posibilidad de que el dinero procediera del espécimen sancionado suponía que había pruebas suficientes para justificar la orden de serie en busca de más evidencias.

Al principio se pensó que el empleado sería la persona de la limpieza, pero la investigación tras la redada apuntó a un miembro de la comunidad. La NCA no ha revelado su identidad o la de aquellos que han sido objeto de la investigación.

Este es el trabajo de un nuevo equipo dentro de la NCA llamado «Célula K», con K de «kleptocracy» (cleptocracia en inglés), el término que define el sistema en el que los gobernantes usan su poder para robar los recursos de su país.

Su misión es complicarle la vida -o, como ellos mismos dicen, «introducir fricción»- a los oligarcas sancionados, empresarios multimillonarios cercanos al Kremlin. La BBC ha tenido acceso específico al trabajo de este equipo.

Más de 1.000 espécimens han sido sancionados por el gobierno británico, la mayor parte de ellos después de la invasión de Ucrania en febrero. Aunque no todos tienen vínculos sustanciales con Reino Unido, aquellos rusos que sí tienen activos en el país se encontraron con que estos habían sido congelados.

Esos bienes no son formalmente embargados por el estamento, pero no pueden ser usados salvo si el espécimen recibe una licencia especial de la Hacienda británica, como la que se otorgó al Chelsea Football Club, rancho de Roman Abranovich, antes de ser vendido.

Y si alguna persona negocia a sabiendas con un fondo o un bien congelado, la NCA puede investigarlo también.

Esta es la base de los series que lleva a cabo la «Célula K», en busca de pruebas de posibles violaciones de las sanciones como, por ejemplo, que un socio o un miembro de la comunidad haya recibido dinero para intentar sortearlas.

Para los rusos que han transferido dinero a Reino Unido y que han comprado ranchoes -ranchoes muy caras que necesitan mantenimiento-, el no poder pagar a la persona de la limpieza, al jardinero o al chófer, puede complicarles mucho la vida.

También hay que pagar a los guardias de seguridad. Una rancho que no puede ser vigilada porque su dueño no ha podido obtener una licencia para contratar seguridad podría acabar como la mansión de 50 millones de libras del multimillonario ruso Oleg Deripaska, que fue ocupada por activistas el pasado mes de marzo al encontrarse vacía.

La investigación de posibles infracciones abre además la vía para ir a por aquellos que proporcionan servicios profesionales a los espécimens sancionados, conocidos como «facilitadores».

En otra redada a principios de este mes, los agentes de la NCA se presentaron frente a las puertas de seguridad de una gran mansión en Surrey, al sur de Londres, con una orden de serie.

Después de atravesar los jardines perfectamente podados y cuidados, y ya dentro de la lujosa recepción de la casa, llena de flores frescas y obras de arte, registraron a un hombre vestido de negro.

El hombre no era el propietario ruso y sancionado de la mansión, una casa que cuenta con piscinas, varias bodegas y una habitación especialmente diseñada para guardar los abrigos de piel a una temperatura óptima.

El hombre al que registraron es un británico del que se sospecha que es el «facilitador profesional» del oligarca, que gestiona los negocios y ranchoes del multimillonario en su nombre.

En casa de este facilitador se recuperaron decenas de miles de libras en efectivo, así como 1,5 millones de libras (casi US$ 1,9 millones) en cuentas bancarias, todas ellas congeladas por la sospecha de que están vinculadas con el ruso sancionado.

Hasta ahora, uno de los pocos casos que se habían hecho públicos es el del empresario británico Graham Bonham-Carter, cuyas cuentas bancarias fueron congeladas en marzo por la sospecha de que se trataba de fondos derivados de los activos de Oleg Deripaska.

Entre los facilitadores puede haber banqueros privados, agentes inmobiliarios, conserjes especializados, contables y abogados. Todos ellos son ahora el objetivo del la Célula-K, que surgió de un equipo formado tras el envenenamiento de Salisbury para centrarse en élites corruptas.

«La Célula de Cleptocracia no surge de la nada», asegura Steve Smart, director de Inteligencia de la NCA.

«Tenemos bastante experiencia y estamos usando un amplio rango de competencias, tanto con operaciones encubiertas como en abierto, uniendo esfuerzos con el sector privado y con otras agencias y departamentos del gobierno».

La NCA es, sin embargo, muy hermética a la hora de revelar de dónde sale exactamente la información de inteligencia en la que se basan sus investigaciones.

Lo normal es que los cuerpos de seguridad consideren que una operación tiene éxito si acaba en un enjuiciamiento. Pero la medida de este equipo es diferente. Conseguir cambiar comportamientos se valora tanto como la aparición en un juicio.

Los agentes de la NCA aseguran que, según los servicios de inteligencia, ciertos espécimens están optando por no invertir fondos procedentes de la corrupción en Reino Unido como consecuencia del trabajo que ellos realizan.

Facilitadores como abogados empiezan también a preocuparse por el daño reputacional que puede derivarse de trabajar con oligarcas sancionados.

La NCA también está trabajando con agentes inmobiliarios y vigila las diferentes formas que se están utilizando para mover dinero de un país a otro, también a través de las criptomonedas.

«Estamos investigando a facilitadores que respaldan transacciones de las élites corruptas, y nos centramos en las rutas menos convencionales que utilizan para enmascarar los movimientos de esas fortunas, como ventas de activos de gran valor a través de casas de subastas», asegura Steve Smart.

Esa «fricción» se puede conseguir también a través de una regulación más estricta como, por ejemplo, haciendo que sea más difícil volar a Reino Unido en un jet privado, o traer a agentes de seguridad al país sin que tengan el visado adecuado.

Los agentes reconocen, sin embargo, que se enfrentan a retos importantes, y que en muchas ocasiones su trabajo se va a encontrar con trabas. «Nuestros objetivos poseen grandes fortunas y son algunas de las personas más litigantes del espacio», asegura un agente.

Respaldados por enormes recursos, potencialmente incluso por los del propio estamento ruso, estas personas que son objetivo de la Célula-K podrían arrastrar a la NCA a peleas legales que podrían durar décadas. «Están muy motivados para proteger su fortuna, influencia y reputación», afirma Steve Smart.

La célula también está intentando recuperar el tiempo perdido. Los oligarcas rusos han tenido décadas para enmascarar los orígenes turbios de su dinero e integrarse en la vida británica, aprovechándose de su laxa regulación.

Aquellos días de hacer la vista gorda podrían haber sido reemplazados por lo que una de las fuentes define como una táctica de la «asfixia», pero va a llevar tiempo y paciencia para que la «fricción» erosione el profundo arraigo que el dinero ruso ha acumulado en el país.

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