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viernes, mayo 20, 2022

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El Valencia y aquel tiempo de descuento que todo lo derrumbó

Aquel empate dolió mucho, tanto como una derrota. En parte lo fue, aunque el Atlético regresara a Madrid de Mestalla con un punto. Dos meses y catorce días después, aún sigue en la lona. En una caída libre que comenzó aquella tarde en Mestalla con los dos golpes de Hugo Duro que aún resuenan en un vestuario roto, con aquel empate de los duros. Valladolid queda muy lejos, aunque el calendario diga que no ha pasado ni un año de su felicidad, ser campeones de Liga. Porque el 7 de noviembre llegó Mestalla y le cambió el paso para siempre. Antes, el Atlético seguía pareciendo aspirante, al menos perseguidor firme del Madrid, y Griezmann comenzaba a mezclar, y sólo la Champions, un grupo difícil en el que el Atlético no lograba sacar la cabeza en el camino a los octavos, era runrún, preocupación. Después, preocupa todo lo demás. Hay que bucear mucho para encontrar algo que recuerde en este Atlético al Atlético. Nada le sale, noqueado mentalmente y desnortado en el mes que se cumple una década de la primera vez que Simeone se sentó en ese banquillo.

Aquella tarde en Mestalla ya había comenzado mal, como un presagio: en una carrera Trippier caía al suelo en una carrera y se hacía un esguince grado III en el hombro. Llorente, uno de sus mejores hombres la temporada pasada, quedaría atado al lateral que cae sobre su fútbol como una cárcel (de las doble figuras, 13 goles, 12 asistencias, a cero goles y dos asistencias esta 21-22). Un gol de Suárez, sin embargo, espantó el mal aire (aquel gol, por cierto, es el último que en Liga ha brotado de sus botas; dos meses, catorce días) pero otro de Savic en propia puerta (sí, aquel partido lo jugó un Savic que caería lesionado tres partidos después para hacer visible lo que hasta entonces podía ser aún invisible, una tendencia subterránea que emergió para arramplar con todo: el agujero en la defensa cuando Giménez y él, sobre todo él, faltan). Y, entonces, tras el 1-1 Griezmann sacó la capa e hizo de la hierba de Mestalla su jardín.

Griezmann marcó el 1-2. Y Griezmann fue clave también para el 1-3 (de Vrsaljko). Una hora y la hormigonera de Bordalás se había secado. El Atlético ganaba, entonces aún se pensaba con la cabeza en el antes, cuando era imposible volterarle un marcador a un Atleti que se ha puesto por encima (aquellos tiempos del unocerismo, sí, esos). Pero en el 84′ Bordalás daba entrada a Hugo Duro (por Helder Costa) y el partido, y la temporada del Atlético, cambiarían para siempre. Su primer gol fue en el 91′, un minuto después de haber levantado el asistente el cartelón con el tiempo añadido: siete minutos. 2-3. Al Atleti le quedanan seis minutos para soportar ese gol que le daba la ventaja. Pero no lo hizo. Pero en el 95′ Hugo Duro se alzó como un coloso sobre la defensa rojiblanca para rematar un córner de Guedes preciso, tenso, que buscaba su cabeza. Inapelable, la pelota entró como una exhalación en la portería de Oblak para delirio de Mestalla. El Atlético caía a la lona. Una ventaja de dos goles esfumada en cuatro  minutos. Impensable una vez. Desde entonces rutina. Las caídas, las derrotas. La cabeza hizo clic. Todo ha hecho crac.

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