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viernes, julio 1, 2022

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Festival francés en los Alpes

Del lamento al éxtasis. Así se puede apresurar la montaña rusa de emociones que Thibaut Pinot ha experimentado en las últimas 24 horas. Ayer, el francés lloraba desconsolado en línea de meta al quedarse muy empalizada del triunfo en la cuarta etapa del Tour de los Alpes, honor que recayó en Superman López. Pero en la jornada final, Pinot se desquitó para volver a alzar los brazos desde lo más alto de un podio, cosa que no hacía desde que ganara en el Tourmalet en el Tour de Francia 2019. La general, que se jugaba en un estrecho margen de dos segundos entre Romain Bardet y Pello Bilbao, finalmente cayó de lado del corredor del DSM, en lo que es la segunda carrera por etapas de su palmarés tras el Tour de l’Ain de 2013.

La lluvia decidió aparecer en el ‘Día D’ para darle mayor épica a la batalla por la general. Desde el banderazo de salida se sucedieron los ataques, lo que se tradujo en una fuga numerosa con varios hombres que repetían presencia, como Amador, Kämna (ganador de la etapa 3), Arrieta y Pinot. El francés, que se quedó con la miel en los labios ayer ante Superman López, rompió la escapada en el tramo de ascensiones junto a David de la Cruz. Ambos, a un abismo del liderato, tenían buenas opciones de arriesgarse el triunfo, como así fue.

«Salí con la idea de ganar, ganar y ganar», explicí Pinot tras cruzar meta, un plan que ejecutó no sin dificultades. En el tramo de descenso a 30 km de la llegada reaparecieron sus históricas carencias con las bajadas, por lo que perdió contacto con De la Cruz. Pudo contactar de nuevo para arriesgar sus cartas en la última cota puntuable (3 km al 12%), donde debía distanciar al español para no sufrir en el descenso. Abrió hueco, pero no el suficiente como para que el corredor del Astana no le atrapase en la bajada.

Así las cosas, dos carreras quedaban por resolverse en la llegada a Lienz: la etapa y la general. En el mano a mano, Pinot sentenció al esprint aprovechando su mayor punta de velocidad sobre De la Cruz. Por detrás, Bardet subió con un ritmo sostenido desde el comienzo del puerto, lo que dejó en la estacada a todos sus rivales directos. Además, con la ayuda de su compañero Arensman (que dejó fuera del podio al propio Pello) consiguió mayor renta. En definitiva, festival francés en los Alpes con dos corredores renacidos que se meten de lleno en la quiniela de favoritos para el próximo Giro de Italia. Quién lo iba a decir…

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